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Biografía de Abd al, Rahman IIIVínculos patrocinados de interés
En cuanto a las relaciones con los reinos cristianos del norte, Abd al-Rahman III no tuvo problemas para mantener a lo largo de su dilatada vida la hegemonía cordobesa sobre la península Ibérica, a pesar de la derrota que Ramiro II de León infligió a las tropas califales en Simancas (939), debida esencialmente a la deserción de la nobleza árabe. En el 920, el soberano andalusí venció al rey Sancho Garcés I de Navarra en Valdejunqueras, y cuatro años después saqueó Pamplona; en el 950 recibió en Córdoba a una embajada enviada por Borrell II de Barcelona, por la que el conde catalán reconocía la superioridad califal y le pedía paz y amistad. Entre los años 951 y 961, no dudó en intervenir en las diferentes querellas dinásticas que debilitaron la monarquía leonesa durante los reinados de Ordoño III, Sancho I y Ordoño IV, dando su apoyo a una u otra de las partes en litigio según la coyuntura política de cada momento. En el transcurso de su califato, Abd al-Rahman III no sólo convirtió Córdoba en el centro neurálgico de un nuevo imperio musulmán en Occidente, sino que hizo de ella la principal ciudad de Europa, rivalizando a lo largo de más de un siglo (929-1031) con Bagdad, la capital del califato abasí, en poder, prestigio, esplendor y cultura. El califa omeya embelleció Córdoba, empedró e iluminó las calles, dotó la ciudad de numerosos baños públicos y de cerca de setenta bibliotecas para disfrute de sus aproximadamente 250 000 habitantes, fundó una universidad, una escuela de medicina y otra de traductores del griego y del hebreo al árabe, hizo erigir la Gran Mezquita y, en las afueras de la urbe, en Sierra Morena, ordenó construir el extraordinario palacio de Medina al-Zahra, del que hizo su residencia hasta su muerte. | |||