|
Biografía de Flaubert, GustaveVínculos patrocinados de interés
Su primera gran novela publicada, y para muchos su obra maestra, es Madame Bovary (1856), cuya protagonista, una mujer mal casada que es víctima de sus propios sueños románticos, representa, a pesar de su propia mediocridad, toda la frustración que, según Flaubert, había producido el siglo XIX, siglo que él odiaba por identificarlo con la mezquindad y la estupidez que a su juicio caracterizaba a la burguesía. De esa misma sátira de su tiempo participa toda su producción, incluido un brillante, aunque inacabado, Diccionario de los lugares comunes. La publicación de Madame Bovary, que supuso su rápida consagración literaria, le creó también serios problemas. Atacado por los moralistas, que condenaban el trato que daba al tema del adulterio, fue incluso sometido a juicio, lo cual lo decidió emprender a un proyecto fantasioso y barroco, lo más alejado posible de su realidad: Salambó, que relataba el amor imposible entre una princesa y un mercenario bárbaro en la antigua Cartago. Su siguiente gran obra, La educación sentimental (1869), fue, en cambio, la más cercana a su propia experiencia, pues se proponía describir las esperanzas y decepciones de la generación de la revolución de 1848. Su última gran obra, Bouvard y Pécuchet, que quedaría inconclusa a su muerte, es una sátira a la vez terrible y tierna del ideal de conocimiento de la Ilustración. La abundancia de los trabajos que posteriormente se han dedicado a Flaubert, y en particular a su estilo, confirma el papel central que desempeñó en la evolución del género novelístico hasta la mitad del siglo XX. Madame Bovary (1856) Salambó (Salambô, 1862) La educación sentimental (L’éducation sentimentale, 1869) La tentación de san Antonio (La tentation de Saint-Antoine, 1874) Tres cuentos (Trois contes, 1877) Bouvard y Pécuchet (Bouvard et Pécuchet, póstuma, 1881) Correspondencia (Correspondance, póstuma, 1887-1893) Memorias de un loco (Mémoires d’un fou, póstuma, 1900) Diccionario de los lugares comunes (Dictionnaire des idées reçues, póstumo, 1911). «Lo que me impide tomarme en serio, aunque tenga el ánimo bastante grave, es que me encuentro muy ridículo, no con el ridículo relativo que es el cómico teatral, sino con el ridículo intrínseco a la misma vida humana, y que resurge de la acción más simple o del gesto más ordinario.» Carta a Louise Colet |
| ||||