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Biografía de Teodorico I el GrandeVínculos patrocinados de interés
Pese a que mantuvo las diferencias entre los ostrogodos, de religión arriana, en cuyas manos dejó el poder militar, y los romanos, católicos, a quienes confió el poder civil dentro de un difícil equilibrio, Teodorico se sintió siempre depositario de las tradiciones e instituciones imperiales, por lo que se rodeó de consejeros latinos, como los pensadores Boecio y Casiodoro, e intentó armonizar las relaciones entre godos y romanos, para lo cual sometió a ambas comunidades a las mismas leyes. De hecho, su gran ambición era crear un imperio germánico de Occidente, heredero del romano, que englobara a francos, vándalos, visigodos y ostrogodos. Con este objetivo, instauró una hábil política de alianzas matrimoniales entre su familia y los reyes de otros pueblos germánicos, que, si bien no llegaría a materializar su sueño, lo convirtió en el principal soberano occidental de su época. En el año 511 intervino de forma decisiva en la resolución de la crisis de la monarquía visigoda, abierta a raíz de la muerte de Alarico II en la batalla de Vouillé (507); tras deponer al usurpador Gesaleico, coronó a su nieto Amalarico, hijo de Alarico y de su hija Tindigota. Teodorico asumió el gobierno del reino visigodo como tutor de su nieto, a quien colocó bajo la protección de Teudis, uno de sus generales. La regencia se mantuvo hasta la muerte del monarca ostrogodo (526), momento en que Amalarico pudo hacerse con el poder efectivo sobre su pueblo. Hombre de gran inteligencia, prudente pero decidido, Teodorico favoreció el desarrollo de la agricultura y del comercio y fomentó el cultivo de las artes y las letras, hasta el punto de hacer de Ravena, su capital, un destacado centro artístico y cultural. En materia religiosa, permitió la coexistencia del catolicismo y del arrianismo durante la mayor parte de su reinado, tolerancia que se truncó en los últimos años de su vida, debido a sus enfrentamientos con el Papado y con el Imperio Bizantino, que lo llevaron a ordenar el ajusticiamiento de su antiguo amigo Boecio (524) y la encarcelación del papa Juan I. A su muerte, acaecida el 30 de agosto del 526, el estallido de un grave conflicto entre godos y romanos provocó el rápido declive del reino ostrogodo, circunstancia que aprovechó el emperador Justiniano para convertir Italia en una nueva provincia bizantina y dispersar a los ostrogodos, que desaparecieron como pueblo (555). | |||